Resulta curioso observar la manera indulgente conque algunos ven y tratan al premio Grammy Latino, una actividad plagada de vicios, errores y manipulaciones que ponen claramente en entredicho los resultados de los mismos.
Para nadie es un secreto que la industria del disco y la familia Estefan desde la plataforma de Miami son quienes controlan y determinan la movilidad que cada año tendrá el premio, en cuanto a la orientación que se le dá al mismo.
Realmente no se tiene claro qué papel juegan los alegados miembros del jurado del Grammy Latino, porque a fin de cuentas no pintan nada en el premio, a no ser el de marionetas o muñecos fantoches, de esos que se usan para simular escenas cinematográficas en los sets decorativos.
La curiosidad en cuanto a la indulgencia viene del hecho de que algunos severos críticos de los premios Casandra se hacen de la vista gorda ante el desastre que en esencia es el Grammy Latino, que dicho sea de paso, trata siempre muy mal la música dominicana.
El Casandra podrá tener sus errores, como lo hay en toda actividad humana.
Pero sus resultados no emanan de líneas ni directrices bajadas por la gente de la industria del disco ni del espectáculo, como sucede en el Grammy, evento que he venido analizando desde su mismo nacimiento en Los Angeles, donde estuve presente precisamente en plan de estudio para conocer su estructura de producción.
Y una cosa si tengo clara, y es que mientras más he conocido al Grammy, más quiero y valoro al Casandra.
Friday, October 30, 2009
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